La Tarta del Cielo Azul

En una playa suave y dorada, había una tarta redonda sobre una manta roja. La tarta olía muy bien y tenía un limón amarillo encima, como un sol pequeñito.
De pronto, se oyó un sonido: tacatacatá, tacatacatá. Un helicóptero azul bajó despacito cerca de la arena, sin asustar a nadie. Sus aspas movieron el aire y la tarta hizo: ¡flop!
El limón rodó por la manta, saltó a la arena y se paró junto a una concha brillante. Entonces, del helicóptero salió una cajita con un lazo verde, pero nadie sabía qué había dentro.
El limón miró la concha brillante y dijo: “¡Adiós, conchita!”. Luego rodó despacito por la arena: rulú, rulú, rulú. Subió a la manta roja y volvió a ponerse encima de la tarta, justo en el centro, como un sol contento.
La tarta olió todavía más rica, y el helicóptero azul hizo una lucecita: ¡clin, clin! La cajita con el lazo verde tembló un poquito, como si algo pequeño quisiera salir. El limón sonrió, pero aún no sabía si debía abrir la cajita o llamar a sus amigos.
El limón tocó el lazo verde con mucho cuidado. ¡Plin! La cajita se abrió solita y salió una cucharita pequeñita con alas de papel. También salió una nota que decía: “Para compartir la tarta”.
La cucharita voló despacio y llamó a una gaviota, a un cangrejito y a una estrella de mar. Todos se sentaron alrededor de la manta roja. El limón, muy feliz, brilló encima de la tarta y dijo: “¡Un trocito para cada uno!”.
Comieron juntos bajo el cielo azul, y la tarta sabía a risas, a sol y a playa. El helicóptero hizo ¡clin, clin! para despedirse. Y desde ese día, el limón supo que abrir una sorpresa puede traer nuevos amigos y mucha alegría.